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La Noche de Walpurgis


La Noche de Walpurgis es una festividad celebrada la noche del 30 de abril al 1 de mayo en grandes regiones de Europa Central y el Norte. También es conocida como la noche de brujas y es, probablemente, una festividad de tradición germana y celta.


La festividad tiene su origen en las antiguas celebraciones paganas germanas, que adoraban e invocaban a los dioses de la fertilidad la noche del 30 de abril. Como en casi todas las festividades de los calendarios paganos, ésta también tiene que ver con la naturaleza y los fenómenos de ésta, que señala el paso de la primavera al verano, la festividad de Beltane en honor a Belenos, dios del fuego y de la que hablaremos mañana 1 de Mayo, encendiendo hogueras para renovar con el humo a los pueblos y a sus habitantes.

Antes de la expansión del cristianismo por Europa, la cultura germánica celebraba la llegada del verano alrededor del inicio del mes de mayo. Se celebraba la llegada de los días más largos, de la retirada del frío y se ahuyentaba el invierno con toda clase de rituales. Como veremos, los cristianos – en otra de sus adaptaciones de las festividades paganas a su calendario cristiano – nombraron el 1 de mayo como el día de Santa Walpurgis, patrona de las campesinas y sirvientas y considerada protectora del arte de la prestidigitación.

En la antigua Roma, el mes de mayo estaba consagrado a los antepasados (maiores) y era un mes en que en toda Europa y Asia se creía que los muertos hacían sus incursiones entre los vivos. Durante la Antigüedad y la Edad Media, curiosamente, existió la idea de que había que evitar casarse en mayo ya que durante ese período se corría el riesgo de contraer matrimonio con una aparecida o con una mujer embrujada del Otro Mundo.

Durante siglos, en Alemania se creyó que en la madrugada del 1 de mayo las hechiceras celebraban orgiásticos rituales con el diablo. De ese mito nació la “noche de las brujas“, que se celebra el día de Santa Walpurgis. Se creía que las brujas volaban sobre escobas, gatos o cabras hacia Brocken, la montaña más alta de la Sierra del Harz, en el Estado alemán de Sajonia-Anhalt. Estaba muy extendida la creencia de que existía una divinidad que protegía a las brujas y que las reunía una vez al año en esa montaña. Estos conciliábulos se confundían con los de seres míticos, ya que la fecha de la reunión, “la noche de las calendas de mayo“, está relacionada con las Walkirias. Otro elemento de carácter mitológico es el que apunta que las brujas salían de sus casas formando cortejos, lo que recuerda la creencia de que “en determinadas noches es posible oír los estrépitos que producen ejércitos misteriosos, cortejos de almas y espíritus, sobre todo en la época del solsticio de invierno“. Se trataba de una noche en la que las brujas podían celebrar sus fiestas paganas antes de ser barridas por el amanecer, por el buen tiempo, que barría las tinieblas del invierno y se encendían las hogueras contra sus poderes malignos.


Según un autor de principios del siglo XVII:
            “Con relación a lo que pueden hacer las brujas se dice que untándose con ciertos ungüentos, hechos con grasa de gato o de lobo, leche de burra y no sé qué cosa más, pueden salir de sus casas montadas en palos o escobas por una vía común e incluso por un agujero angosto y volar por los aires, y así transportarse de un lugar a otro hasta donde celebran sus festines y francachelas con diablos. Se halla divulgada la especie de que las brujas de toda Germania, después de hacer su unto, son llevadas en cortísimo tiempo, durante la noche de las calendas de mayo, al monte llamado Blocksberg y Heinberg, en tierras de los bructeros, parte por sus demonios familiares y dilectos, que adoptan adoptan las formas de macho cabrío, puerco, ternero y otros animales semejantes, parte sobre horcas y báculos, pasando luego toda la noche en juegos, comilonas y danzas con sus amantes.”


Las fiestas actuales durante la noche de Walpurgis tienen muy poco que ver con las antiguas creencias populares. En el pasado, los fuegos de la Walpurgisnacht eran encendidos precisamente para protegerse de las temidas brujerías, no para adorarlas. Las puertas estaban adornadas con crucifijos y ramos de hierbas, las escobas eran colocadas con las hebras hacia arriba, se hacían sonar de noche las campanas de las iglesias, los hombres solteros caminaban dando latigazos en torno a las casas y, para proteger al ganado, se colocaba sal en el umbral de los cobertizos.


Francisco Bueno

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