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De la sobre-protección a la dependencia

Hoy os quiero dejar un artículo sobre la dependencia a los hijos como padres y lo que crearíamos en ellos si actuáramos de ese modo, para poder diferenciar el apoyo a la dependencia y sobre protección. 
Es un poco largo, pero es bueno leérselo, siempre se aprende algo nuevo, poder rectificar si fuera el caso, o saber que lo estas haciendo bien por más que la gente diga. Que a veces parece que todos tengan la formula perfecta para educar, y la formula perfecta es diferente para cada familia y tampoco nunca será perfecta, será la mejor para las herramientas que tienen en ese instante. 

Os dejo con el artículo que me enrollo.


Criar hijos dependientes, es como conformarse con el gateo, aún y cuando puedan llegar a caminar y hasta correr; es como darles biberón toda la vida cuando ya tienen dientes para masticar una deliciosa pieza de pan.


Las personas mas importantes para los niños y niñas son sus padres, o adultos que se hagan cargo (abuelos, tutores...).

Los vínculos afectivos que se crean los primeros años de vida son esenciales en la construcción de nuestra identidad y nuestro equilibrio emocional. Aunque el niño o la niña al nacer dependan de sus padres, a medida que crecen y se hacen más independientes siguen necesitando su afecto y apoyo incondicional. La imagen que creamos en nuestro crecimiento es la que vemos reflejada en nuestra familia más cercana, eso hace que nos condiciones respecto a las relaciones que tenemos con los demás, nuestra confianza y la forma de afrontar las dificultades que nos vamos encontrando.

Un vínculo emocional sano entre padres e hijos ara que tengamos relaciones futuras de confianza, más seguridad en nosotros mismosy nos prepara ante la vida, a la vez que creamoshacia nuestros padres sentimientos de seguridad, afecto y tranquilidad, percibiendo así el mundo como un entorno amable y poco amenazante.

Cuando los niños empiezan a crecer, hemos de incentivar-les a que sean independientes y reducir la necesidad de sus padres. Lo que el niño y la niña aprende y actúa es aquello que prevalece en el tiempo.

La “sobre-protección” se entiende como una falta de adaptación de los papas. Ejemplo: el niño que sigue durmiendo en la cama de los padres o en el cuarto por temor a que le pase algo, el niño de 5 años que la mamá le sigue lavando los dientes, el que tiene la edad de entrar a pre-escolar y lo siguen teniendo en la casa porque todavía es pequeño, etc.

Los padres sobre-protectores son aquellos que se pasan horas pensando y pre-ocupándose por sus hijos. Es una implicación emocional intensa y excesiva que, además conlleva la necesidad de control, lo que lleva a una dependencia tanto de padres hacia hijos como de hijos hacia padres, se trata de una “sobre-dependencia mutua” entre el adulto y el niño.

Los padres piensan que amar es hacer el camino más fácil a sus hijos, cuando realmente, además de amor, lo que sus hijos necesitan es: 

Aceptación y reconocimiento de quienes realmente son.
Respeto, consideración, escucha y aceptación de sus ideas y sentimientos.
Aprender a tomar decisiones.
Potenciar sus cualidades y aceptar sus limitaciones.
Potenciar su iniciativa y creatividad.
Cultivar el sentimiento de haber contribuido a hacer algo.
Experimentar la oportunidad de compartir sentimientos.
Aprender a sortear las dificultades de la vida por ellos mismos.



Ser sensible al estado afectivo y emocional del niño, percibir su angustia y tristeza, escucharle y probar a tranquilizarle, no es sobre-protección.



¿Por qué sobre-protegemos a los hijos?

Ser padres sobre-protectores no es algo accidental, más bien es causal, estos padres han crecido en una familia donde sus necesidades emocionales de afecto, amor y reconocimiento han sido denegadas o satisfechas de modo insatisfactorio, demasiado exigentes o han sido maltratados física o psicológicamente.

El adulto que sobre-protege (mamá, papá, abuelos, tíos, etc.) tiene algunas dificultades internas -conscientes o no-, que se manifiestan en la necesidad de proximidad con el niño o niña que no es conforme a la edad de la criatura, como ser:
Angustia sin la presencia del niño.
Sentimiento de soledad.
Problemas de pareja.
Haber tenido muchas dificultades para tener a este hijo.
Creencia de una mayor fragilidad del niño, sea por enfermedad, discapacidad o porque está pequeño.
Haber sentido rechazo por parte de sus propios padres o tener poca confianza en ellos con una relación poco satisfactoria en el presente.
Haber vivido ella misma pegada a su madre.
Tener pocas actividades y aburrirse en ausencia del niño o niña.
Miedo de un futuro sin niños que cuidar.
Considerar su valor personal por el hecho de ser excelente sobre-protectora, una persona que no se siente bien consigo misma intenta compensarse demostrando que puede ser un “buen padre” o una “buena madre”.
Creencia de que el mundo es amenazante e inseguro.
Desear compensar con creces la propia privación infantil, una frase muy común de los padres es “no quiero que mi hijo sufra todo lo que yo he sufrido”.
Sobre-protegemos para compensar la ausencia del otro padre en caso de separaciones o por enfermedad, trabajo, etc. Quien está presente se siente culpable y teme que el niño crezca con problemas emocionales si esta falta no es sustituida, sin aliviar de todas formas la falta del otro padre.
Sobre-proteger para minimizar la propia ausencia, cuando los padres están muy enfocados en su trabajo y pasan poco tiempo en casa, el momento que pasan con sus hijos es para consentirles en exceso.
Sobre-proteger para aliviar la culpa e incomodidad cuando las frustraciones de los niños, llevan a los adultos a revivir sus propios fracasos y dolores, que al experimentar las sensaciones desagradables y para evitar que el niño se ahorre esas frustraciones, hacen por él lo que ellos podrían haber hecho.
Sobre-proteger para llenar el vacío interior, muchas parejas que fracasan se vuelcan en sus hijos para darles todo lo que a ellos les falta o les ha faltado en su infancia.
La foto de los niños sobre-protegidos

El niño también saca provecho de tal relación, es agradable tener siempre a un adulto a su lado, que se preocupe constantemente de él, aunque en ocasiones se sienta asfixiado. Aún si lo desea, el niño, por lealtad a su mamá se cuidará de no presentar demasiadas muestras de independencia que podrían hacerla sentirse mal.

Ya a temprana edad muestran muchos de los siguientes comportamientos:

- Orinarse en la cama hasta edad avanzada, tomar bibi durante varios años, querer dormir al lado de la mamá, llorar en la escuela, celos, no seguir reglas ni cooperar con sugerencias, no responde al “no”, “basta” u otros mandatos, protesta por todo e insiste en hacer lo que quiere, se queja de estar aburrido, llora con frecuencia y tiene berrinches, demanda excesivamente de otras personas y no respeta los derechos de los demás, dificultad para relacionarse y compartir con otros niños, tener un lenguaje de bebé.

Los niños que son criados bajo el espejismo de la sobre-protección, son poco tolerantes a cambios, resuelven todo mediante llantos, evaden los contactos sociales o las situaciones nuevas, somatizan frecuentemente con dolores de estómago, de cabeza, de cualquier cosa; inclusive algunos llevan los síntomas al extremo convirtiéndolos en vómitos y diarreas que son los más comunes.

En ausencia de la mamá, buscan a quien pegarse: maestras, abuelitas, tías. Les cuesta jugar solos, necesitan la figura del adulto cerca, o recurren mucho al juego solitario, tienen ataques de pánico cuando se descubren solos o cuando sus papás se atrasan en buscarlos y tienen que esperar, les es difícil separarse de ellos, por eso siempre andan en fiestas, aniversarios y otras actividades que son exclusivas para adultos.

Crecen viviendo este tipo de conflictos: no sé dónde empiezo yo y dónde termina el otro, necesito que me digan si lo que estoy haciendo está bien, mal o si les gusta o no les gusta y si no lo hago bien; requiero que me indiquen la manera de hacerlo. Es como si ocupáramos recetas para resolver todo lo que sucede; pero, ¿dónde queda la espontaneidad?, ¿será que el aprendizaje por error no es válido?, o que ¿existe una forma de hacer las cosas para que no sufra quien más amo?

Resultan siendo personas que necesitan supervisión, aprobación y refuerzo en todo lo que hacen. El señalamiento de una simple equivocación puede desencadenar una crisis fatal: “no sirvo para nada, siempre me equivoco, esto no me enseñaron a hacerlo, necesito que me ayuden…” En muchos casos terminan convirtiéndose en personas rígidamente metódicas, porque seguir un método reduce el riesgo de equivocarse, y eventualmente pueden desviar la atención y la responsabilidad a quien les enseñó el método.

Un niño que ha crecido en un ambiente de excesiva atención, donde se le hizo sentir el mejor o único del mundo,con una pre-ocupación asfixiante o con los deseos de los padres convertidos en obligaciones o expectativas demasiado altas para la capacidad de los hijos, puede encontrarse en su edad adulta con graves problemas. Cuando no estén los padres para decirle lo maravilloso que es, inventará mil excusas para sentirse alabado por los demás y no reconocerá sus fallas.
¿Por dónde podemos empezar?

Criar hijos dependientes, es como conformarse con el gateo, aún y cuando puedan llegar a caminar y hasta correr; es como darles cereal en biberón toda la vida cuando ya tienen dientes para masticar una deliciosa pieza de pan.

El punto de partida es reconocer nuestras actitudes de sobre-protección y buscar ayuda para superarlas, sólo así podremos criar hijos emocionalmente estables y no dependientes. Omitir o ignorar nuestras dependencias no permite soltar la maraña que extrapolamos a nuestros hijos, si continuamos actuando a partir de ella, no podremos “esforzarnos por convertirnos en un guía y construir la confianza” a como sugerí en otro artículo.

Modificar nuestras creencias a la luz de la reflexión de cómo visualizamos a nuestros hijos sin nosotros, si los vemos seguros, confiados, capaces de enfrentar los retos de la vida sin más sufrimientos que los específicos de cada situación.

Empezar a reconocer el gran potencial que hay en nuestros hijos.

Podemos concluir que:

Eliminar la dependencia mutua en la relación padres hijos nunca significa ni abandonar al niño, ni suprimir todos los momentos ricos y afectivos que pasan juntos.

Detrás de la sobre protección hay un discurso encubridor: te hago las cosas porque creo que no vas a ser lo suficientemente capaz de hacerlo por vos mismo.

Comentarios

  1. que entrada tan buena!
    te comento que una vez vi como una madre le estaba enseñando a ir al baño a su niña pero tenia tanto miedo que no queria quitarle la costumbre de los pañales y presencie como le dijo la niña: "Quiero ir al baño" y ella le dijo de vuelta "aun no aprendes del todo hazte ahi" me horrorize por que realmente pienso que a la larga afecta tanto la autoconfianza del niño... :c
    pero no se al final cada padre sabra como criar a los niños y quizas estoy siendo muy prejuiciosa.
    Saludoooooooooooos Larla!
    - Mayra Victoria R.

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  2. Todas las madres deberían pensar en cómo educan a sus hijos, en que podrían mejorar y en que son estupendas. Se aprende mucho de los hijos!!

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  3. Hola ya te seguía, te conocí en facebook, de todas formas, te dejo mi nota. Un saludo.

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  4. Visctoria yo hubiese pensado igual que tu, hemos de escuchar a los niños, ellos son muy sabios y eligen sus procesos mejor que nosotros, porque se sienten. mi niño le respetamos en todo momento a la hora de quitar loa pañales y antes de empezar el cole ya no usaba ni el de la noche. El lo quiso así y nosotros le ayudamos despertandolo a media noche hacer un pipi.

    como somos los adultos que creemos que lo sabemos todo y no sabemos nada de nada, ellos son tan puros y tan listos!

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  5. Monica Tienes toda la razón se aprende muchisimo, deberían fijarese mejor.

    Gracias silvia :)

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