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Fuera máscaras, ¡sé tú mismo!


Tan típico es ver en una telenovela a un personaje que finge tener dinero o vivir de las apariencias para lograr un objetivo o ser aceptado socialmente o en determinado grupo, como lo es en la vida real.
Muchas son las máscaras que utilizan o hemos utilizado la mayoría de las personas por inseguridad de no ser aceptados tal cual somos o por nuestras condiciones sociales, económicas o culturales.
"Las personas usan máscaras debido a la inseguridad que sienten ante la imposibilidad de ser ellos mismos delante del mundo. Piensan que si se muestran como verdaderamente son no serán aceptados y ese mismo miedo al rechazo los hace recurrir a las máscaras. Son personas que se condenan a sí mismas", explica Bernardo Stamateas en su libro "Intoxicados por la fe".
El autor reconoce, entre las principales máscaras, las siguientes:
  • La máscara de ser adinerado: son las personas con escasos recursos económicos que pretenden convencer a los demás que sí lo tienen. Quizás en algún momento de su vida incluso sí tuvieron dinero pero ahora ya no lo tienen y viven deseando tener el mismo status.
  • La máscara de la superioridad: son quienes siempre andan contando sus logros personales, andan con el currículum vitae bajo el brazo. Necesitan demostrarles a los demás lo que saben. Acá aplica muy bien aquel dicho que reza: dime de qué presumes y te diré de qué careces.
  • La máscara de la víctima: gente que vive de queja en queja y de dolor en dolor. Son las personas que todo lo ven negro en la vida, aunque en realidad no sea así.
Las máscaras que usamos, en muchos casos fueron inconscientemente impuestas por nuestros padres desde temprana edad. Según leí en internet, desde la gestación de un ser humano, los padres generan una serie de expectativas acerca de las características físicas, psicológicas y sociales de su hijo. De acuerdo con ellas, van moldeando a sus hijos con diversas estrategias. Muchas veces lo hacen con frases directas como "una niña se ve muy fea de mal genio", "gente melosa, gente amargosa", "los hombres no lloran", "no pienses eso", "¡No se deje!", "me vas a matar con esa tristeza".
Otras veces utilizan formas más sutiles como las decisiones que toman, el comportamiento que tienen, los regalos que hacen a los hijos, las situaciones que buscan o las que evitan. En ambos casos la influencia de los padres por buscar la socialización de los hijos reprime pensamientos, sentimientos y conductas de ellos.
Hendrix explica: "el niño opta por no expresar la conducta prohibida delante de los padres; siente rabia pero no habla de esto en voz alta; indaga qué ocurre con su cuerpo cuando está solo; expresa con sus hermanos o pares cuando sus padres no están. Identifica pensamientos y sentimientos que deben excluirse de la experiencia, construye el llamado superego , un padre imaginario que da las directrices de lo que se permite o no sentir, pensar y actuar. Así, el niño adormece algunas partes de su expresión natural, las reprime y si las llegase a manifestar en otro momento, experimentaría gran nivel de ansiedad. Dicho de otra forma, para obedecer a los padres, el niño acude a la desintegración de su yo".
Hendrix categoriza tres identidades separadas en las que termina la "naturaleza original, amorosa y unificada con la que nacimos", así:
1. El "yo perdido", aquellas partes de nuestro ser que las demandas de la sociedad nos han obligado a reprimir.
2. El "falso yo", la fachada que erigimos para llenar el vacío creado por esa represión y por la falta de una satisfacción adecuada de nuestras necesidades.
3. El "yo enajenado", aquellas partes negativas de nuestro falso yo que son desaprobadas y que, en consecuencia, negamos.
La cosa es que usar máscaras hace que no disfrutes de tu propia vida, pues en realidad ante los demás muestras un personaje y sostener una vida que no es la que tú vives resulta desgastante y el único que pierde es uno.
La psióloga Dagmar Polasek, explica en su artículo Las máscaras que usamos, "que cuando no se tiene una personalidad sólida, existe el riesgo de quedar atrapado en aspectos externos como el prestigio y el poder, que no son la persona pero muchas veces se confunden con su identidad. Adoptamos apariencias y personalidades externas para parecer como queremos ser vistos por los demás".
Y agrega que "las personas con baja autoestima tienen el mayor peligro, pues piensan que no son suficientemente valiosas como son y debido a ello adoptan otras formas de ser, que mientras más distintos a ellos sean, mejor. Y dañan así su verdadera personalidad y la pierden de vista".
"Las personas que se pierden en las máscaras, en las expectativas sociales y/o en el qué dirán hacen un enorme esfuerzo por ignorar a su verdadero interior. Si tú te ignoras a ti, desarrollaras infelicidad, miedo, angustia, tristeza, temor, venganza, entre otras, porque hay una parte esencial dentro de ti que siempre está ahí recordándote quién eres tú en realidad y necesitando honrarte a ti mismo siendo honesto y completo", puntualiza la especialista.
Me agrada mucho algo que menciona Luis Fallas del Centro de Superación personal y que viene perfecto si estás usando algún tipo de máscara en tu vida: debes entender que eres una obra maestra. "En este momento, puede que no te guste como eres, es posible que desearas ser más alto, de otro color de piel, tener más dinero, tener a la pareja perfecta, tener una personalidad como las de tus amigos, o que tu metabolismo trabaje un poco más rápido. Deja de centrarte en tus defectos y las opiniones negativas que tienes de ti mismo, deja de compararte con otras personas; ya que de esta manera estás truncando todo el potencial que tienes para enfocarte en las cosas que quieres lograr. Recuerda que eres hecho única y especialmente de la manera que eres y no tienes copia. No estás aquí por casualidad, fuimos creados a propósito... tu aspecto, tu color de piel, tu altura, tu personalidad, tus talentos y dones, todo tiene un propósito definido. Ahora, está en ti descubrir cuál es tu propósito real y vivir de acuerdo a él", comenta Fallas.
Así que: ¡quítate la máscara! Eres perfecto tal cual, NADIE más es como tú, ¡no pretendas ser quien no eres!
Y recuerda: ¡a sonreír, agradecer y abrazar tu vida!
¡Gracias por existir, compartir y estar!
En Twitter, @ChrisBarquero.

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